I Y cuando van pasando los días desde la primera información sobre ese nuevo "virus patógeno", ese alienígena, ese inoportuno ser vivo que aparece de repente, o no tanto, saltando de un murciélago a un humano, la alarma aumenta, la imbecilidad, la paranoia, la histeria, individuales y colectivas, aumentan, la sensación de impotencia o miedo aumenta, ¿miedo justificado en este caso?, probablemente, pero no tanto por el virus en sí sino por nuestra pobre organización humana. No sé mañana, hoy me sentía al despertar, justo al amanecer, como si me encontrase en una enorme prisión, o mejor dicho como si me hiciesen creer que ya todos vivíamos en una prisión donde nuestros gobiernos locales, regionales, nacionales e internacionales, de forma extrañamente consensuada y con "aparente" diferencia de color, ideología o tinte, nos han metido. Casi sin resistencias dignas de mención. El "populacho" (los gobernados) lo hemos aceptado con alegría en algunos casos, r...