Entre gota fría, ciclogénesis explosiva y ahora dana...me despierto.
Un intervalo entre lluvias. Al menos espero que laven los restos incendiarios que tanto molestan a los televidentes estos días y que se han repetido con las mismas imágenes hasta el infinito. Enciendes el televisor para escuchar lo que pasa en el mundo y parece ser que no pasa casi nada, solo interesan imágenes de algarada callejera en la ciudad cercana al pueblo donde habito y especialmente tergiversando sus motivos.
Me despierto y no ha sido un trueno, es solo lluvia.
Recuerdo cuando la lluvia, los truenos y los rayos eran solo eso, riadas e inundaciones, eso sí, se producían de vez en cuando, los terremotos, las catástrofes climáticas. Pero no pretendo negar que hoy no sean mas frecuentes, lo son, ni que afecten mucho mas a la vida de las personas, afectan porque hay mas personas, porque hay muchas mas zonas habitadas en los viejos cauces de los ríos o al pie de las presas que contienen un pantano, o se les ha ocurrido construir una central nuclear al lado del mar y justo sobre un lugar donde chocan placas tectónicas, digamos que los avances tecnológicos y el acceso masivo a la comunicación (frecuentemente des-comunicación) facilita dos cosas: una, que cualquier desastre sea relevante y conocido inmediatamente en cualquier parte del mundo y dos, que afecte realmente a una economía mucho mas global y dependiente.
Pero no me despierto solo por eso, no por el repiqueteo de la lluvia en los tejados vecinos, es que hay una frase que me ha pasado por la cabeza como un relámpago y se ha quedado flotando en esa zona intermareal que separa el sueño de la vigilia.
"Un fantasma recorre el mundo y es el fantasma del consumismo"
No tiene gracia porque no está el horno para bollos cómicos en este tiempo pre-electoral (aunque serán las cuartas en menos de dos años, al menos en mi caso) e inmediatamente me pongo a buscar la verdadera frase inspiradora, obviamente se trata del manifiesto comunista que escribieron Marx y Engel.
Me levanto, me desperezo, estiro, bostezo y abro el ordenador.
Quizás, pienso, somos afortunados por tener un millón de herramientas de búsqueda que enriquecen nuestros recuerdos, un océano de información...aunque...¿no me está consumiendo esa actividad el tiempo que podría destinar a otros menesteres mas placenteros? y se me ocurren unos cuantos pero justo los que me apetecerían no los puedo satisfacer solo (y a las alturas de la historia, me temo que ni acompañado).
Y sí, en efecto, se trata del Manifiesto Comunista, aunque hay varias versiones, traducciones, unas mas acabadas que otras, algunas interpretativas, otras son sobre todo de Engels que perfeccionó parte porque la historia iba cambiando y Marx había muerto. Así pues me encuentro ante una obra que al menos tiene tantas explicaciones, anotaciones, añadidos, borrados, interpretaciones, aclaraciones, actualizaciones, como otros libros mágico religiosos que me interesaron en otros tiempos.
Pero me sumerjo en su lectura como hice cuando era un adolescente de 16 años.
Y definitivamente no se trata de ningún opúsculo mágico o religioso, nada que ver con la irracionalidad o la metafísica. Sigue siendo un manifiesto fundamental, científico y claro aunque las clases sociales se llamen de otra manera y algunos, después de cien años hayan dejado de pensar que son esclavos, obreros o trabajadores. Dentro de esta amalgama llamada pueblo o masas, la mayoría piensan de sí mismos que pertenecen a la "clase media". Quizás en Europa se formó una clase media o de pequeños burgueses como dicen algunos, pero me temo que eso esté a punto de acabar, o sea que mejor no preocuparse por las pequeñas diferencias.
Ha llovido (a secas, con o sin gota fría) desde 1847 cuando se escribió el primer manifiesto, desde entonces el capitalismo no ha dejado de ganar batallas y cosechar victorias en ocasiones pírricas, claro que lo mismo puede decirse del socialismo, 170 años de historia acelerada donde lo mas acelerado no ha sido precisamente la evolución de nuestro cerebro o de nuestro sentido ético, sino la tecnología en todos los campos y muy especialmente en el de la manipulación de las masas y el exterminio de nosotros mismos.
Ahora los esclavos (aunque nos guste emplear otros términos para definirnos) seguimos siendo mercancía, como se dice en el Manifiesto pero esencialmente somos consumidores y abrazamos el consumo como ideología suprema, el consumo de lo que sea, a veces (casi siempre) compulsiva e indiscriminadamente. El fantasma del Consumismo, que no del comunismo, ya no solo recorre Europa, recorre el planeta en su totalidad, es verdad que muchos todavía ni siquiera tiene acceso a los alimentos o el agua limpia de forma continua, aunque incluso estos, los mas desfavorecidos, si tienen acceso a un teléfono móvil.
Se consume alimentos procesados, lujo pero, también, se consume sexo, drogas, salud, tierra, amor, tiempo, espacio...con voracidad y sin detenerse. Con avaricia, con ansiedad, vertiginosamente y de paso se generan detritus, montañas de basura, literalmente quemamos o segamos la hierba bajo nuestros pies.
Antes, cuando se comenzaba a forjar una superficie terrestre a nuestra conveniencia, el heroísmo consistía en desbrozar, arar, levantar edificios, trazar carreteras, tender puentes...ahora se pulveriza, se desintegra, se fabrican herramientas que devoran montañas, desecan lagunas, perforan túneles en la corteza viva del planeta, se mueven millones de toneladas minerales, se envenena la atmósfera y el océano, se envuelve la biosfera en un manto de plástico y gas tóxico.
Pero en lo esencial nada ha cambiado en nuestras costumbres irracionales, las que implican negar la realidad y sustituirla por fantasías que conducen a profesar religiones asesinas, a consumir sin límites, a robar e invadir los vecinos más débiles, a esclavizar y a perder la conciencia en un delirio homicida y suicida. Pero sobre todo a no tomar partido por nuestra propia supervivencia, humanidad gregaria que no sociable, como decía Isaac Asimov.
Solo así se explica que nos guste deleitarnos con cualquier hecho escatológico, con la catástrofe, con el miedo, con el sufrimiento resignado y la aceptación de yugos y cadenas. Que justo antes de una contienda electoral para elegir a nuestros gobernantes, escuchemos las alabanzas a los ladrones, la "buena y positiva" noticia de un aumento en el número de ricos que hay en nuestro país, junto a la otra cara de la moneda, el empobrecimiento acelerado de las clases medias o la imposibilidad de que los trabajadores puedan mantener una vida digna (a veces incluso una vida a secas) con unos salarios perpetuamente congelados.
Llueve, buena noticia si no fuese porque nunca lo hace a gusto de todos, resulta que ahora llueve pero lo hace mal, inunda, anega campos y calles de pueblos y ciudades, sin embargo los embalses no se llenan, las reservas de agua disminuyen cada año, la temperatura aumenta, las plantas se mueren por la sequía.
La naturaleza lo hace mal. No me cabe la menor duda, si lo hiciese bien nuestra especie habría desaparecido.
Me acabo de despertar completamente y observo el espectáculo de las nubes grises y panzudas que auguran un día poco luminoso, todavía están encendidas las farolas en la calle y las laderas del monte siguen ocultas en la oscuridad, los cristales llenos de gotas, el rumor de los coches en la autopista cercana suena húmedo.
El llamamiento final del Manifiesto dice : _Proletarios de todo el mundo uníos_
Demasiado optimista. Pero me ha gustado volver a leerlo.
Me conformaría con unas elecciones que pongan un cierto coto a los poderosos y se pueda difundir lo que realmente nos está sucediendo, que no solo nos extinguimos los viejos (aunque sea la extinción que personalmente me preocupe mas), que nos extinguiremos todos en breve si seguimos esa idiotez del crecimiento "económico" ilimitado. La economía solo puede estar supeditada a la voluntad de su inventor y servir para lo que cualquier ciencia humana debería: la conquista de la felicidad, del placer, del bienestar. Que no nos engañen, eso tiene poco que ver con el "crecimiento económico" que solo consigue aumentar la riqueza de algunos apoyándose en la miseria de la mayoría.
¿No estáis cansados de guerras permanentes?
Aunque una vez mas sirva de poco, al menos votaré, como siempre lo menos malo, a los que intentan la utopía, a los que desean derribar muros y abrir las puertas que quieren poner al campo (y no se puede, que no). Los muros imposibles que fabrican los privilegiados, son el señuelo que conducirá a los desposeídos. Al menos es mi sueño en este día gris y húmedo que precede a un Apocalipsis permanente o a una salida honrosa del día de la marmota. ¿Quien sabe?.
Un intervalo entre lluvias. Al menos espero que laven los restos incendiarios que tanto molestan a los televidentes estos días y que se han repetido con las mismas imágenes hasta el infinito. Enciendes el televisor para escuchar lo que pasa en el mundo y parece ser que no pasa casi nada, solo interesan imágenes de algarada callejera en la ciudad cercana al pueblo donde habito y especialmente tergiversando sus motivos.
Me despierto y no ha sido un trueno, es solo lluvia.
Recuerdo cuando la lluvia, los truenos y los rayos eran solo eso, riadas e inundaciones, eso sí, se producían de vez en cuando, los terremotos, las catástrofes climáticas. Pero no pretendo negar que hoy no sean mas frecuentes, lo son, ni que afecten mucho mas a la vida de las personas, afectan porque hay mas personas, porque hay muchas mas zonas habitadas en los viejos cauces de los ríos o al pie de las presas que contienen un pantano, o se les ha ocurrido construir una central nuclear al lado del mar y justo sobre un lugar donde chocan placas tectónicas, digamos que los avances tecnológicos y el acceso masivo a la comunicación (frecuentemente des-comunicación) facilita dos cosas: una, que cualquier desastre sea relevante y conocido inmediatamente en cualquier parte del mundo y dos, que afecte realmente a una economía mucho mas global y dependiente.
Pero no me despierto solo por eso, no por el repiqueteo de la lluvia en los tejados vecinos, es que hay una frase que me ha pasado por la cabeza como un relámpago y se ha quedado flotando en esa zona intermareal que separa el sueño de la vigilia.
"Un fantasma recorre el mundo y es el fantasma del consumismo"
No tiene gracia porque no está el horno para bollos cómicos en este tiempo pre-electoral (aunque serán las cuartas en menos de dos años, al menos en mi caso) e inmediatamente me pongo a buscar la verdadera frase inspiradora, obviamente se trata del manifiesto comunista que escribieron Marx y Engel.
Me levanto, me desperezo, estiro, bostezo y abro el ordenador.
Quizás, pienso, somos afortunados por tener un millón de herramientas de búsqueda que enriquecen nuestros recuerdos, un océano de información...aunque...¿no me está consumiendo esa actividad el tiempo que podría destinar a otros menesteres mas placenteros? y se me ocurren unos cuantos pero justo los que me apetecerían no los puedo satisfacer solo (y a las alturas de la historia, me temo que ni acompañado).
Y sí, en efecto, se trata del Manifiesto Comunista, aunque hay varias versiones, traducciones, unas mas acabadas que otras, algunas interpretativas, otras son sobre todo de Engels que perfeccionó parte porque la historia iba cambiando y Marx había muerto. Así pues me encuentro ante una obra que al menos tiene tantas explicaciones, anotaciones, añadidos, borrados, interpretaciones, aclaraciones, actualizaciones, como otros libros mágico religiosos que me interesaron en otros tiempos.
Pero me sumerjo en su lectura como hice cuando era un adolescente de 16 años.
Y definitivamente no se trata de ningún opúsculo mágico o religioso, nada que ver con la irracionalidad o la metafísica. Sigue siendo un manifiesto fundamental, científico y claro aunque las clases sociales se llamen de otra manera y algunos, después de cien años hayan dejado de pensar que son esclavos, obreros o trabajadores. Dentro de esta amalgama llamada pueblo o masas, la mayoría piensan de sí mismos que pertenecen a la "clase media". Quizás en Europa se formó una clase media o de pequeños burgueses como dicen algunos, pero me temo que eso esté a punto de acabar, o sea que mejor no preocuparse por las pequeñas diferencias.
Ha llovido (a secas, con o sin gota fría) desde 1847 cuando se escribió el primer manifiesto, desde entonces el capitalismo no ha dejado de ganar batallas y cosechar victorias en ocasiones pírricas, claro que lo mismo puede decirse del socialismo, 170 años de historia acelerada donde lo mas acelerado no ha sido precisamente la evolución de nuestro cerebro o de nuestro sentido ético, sino la tecnología en todos los campos y muy especialmente en el de la manipulación de las masas y el exterminio de nosotros mismos.
Ahora los esclavos (aunque nos guste emplear otros términos para definirnos) seguimos siendo mercancía, como se dice en el Manifiesto pero esencialmente somos consumidores y abrazamos el consumo como ideología suprema, el consumo de lo que sea, a veces (casi siempre) compulsiva e indiscriminadamente. El fantasma del Consumismo, que no del comunismo, ya no solo recorre Europa, recorre el planeta en su totalidad, es verdad que muchos todavía ni siquiera tiene acceso a los alimentos o el agua limpia de forma continua, aunque incluso estos, los mas desfavorecidos, si tienen acceso a un teléfono móvil.
Se consume alimentos procesados, lujo pero, también, se consume sexo, drogas, salud, tierra, amor, tiempo, espacio...con voracidad y sin detenerse. Con avaricia, con ansiedad, vertiginosamente y de paso se generan detritus, montañas de basura, literalmente quemamos o segamos la hierba bajo nuestros pies.
Antes, cuando se comenzaba a forjar una superficie terrestre a nuestra conveniencia, el heroísmo consistía en desbrozar, arar, levantar edificios, trazar carreteras, tender puentes...ahora se pulveriza, se desintegra, se fabrican herramientas que devoran montañas, desecan lagunas, perforan túneles en la corteza viva del planeta, se mueven millones de toneladas minerales, se envenena la atmósfera y el océano, se envuelve la biosfera en un manto de plástico y gas tóxico.
Pero en lo esencial nada ha cambiado en nuestras costumbres irracionales, las que implican negar la realidad y sustituirla por fantasías que conducen a profesar religiones asesinas, a consumir sin límites, a robar e invadir los vecinos más débiles, a esclavizar y a perder la conciencia en un delirio homicida y suicida. Pero sobre todo a no tomar partido por nuestra propia supervivencia, humanidad gregaria que no sociable, como decía Isaac Asimov.
Solo así se explica que nos guste deleitarnos con cualquier hecho escatológico, con la catástrofe, con el miedo, con el sufrimiento resignado y la aceptación de yugos y cadenas. Que justo antes de una contienda electoral para elegir a nuestros gobernantes, escuchemos las alabanzas a los ladrones, la "buena y positiva" noticia de un aumento en el número de ricos que hay en nuestro país, junto a la otra cara de la moneda, el empobrecimiento acelerado de las clases medias o la imposibilidad de que los trabajadores puedan mantener una vida digna (a veces incluso una vida a secas) con unos salarios perpetuamente congelados.
Llueve, buena noticia si no fuese porque nunca lo hace a gusto de todos, resulta que ahora llueve pero lo hace mal, inunda, anega campos y calles de pueblos y ciudades, sin embargo los embalses no se llenan, las reservas de agua disminuyen cada año, la temperatura aumenta, las plantas se mueren por la sequía.
La naturaleza lo hace mal. No me cabe la menor duda, si lo hiciese bien nuestra especie habría desaparecido.
Me acabo de despertar completamente y observo el espectáculo de las nubes grises y panzudas que auguran un día poco luminoso, todavía están encendidas las farolas en la calle y las laderas del monte siguen ocultas en la oscuridad, los cristales llenos de gotas, el rumor de los coches en la autopista cercana suena húmedo.
El llamamiento final del Manifiesto dice : _Proletarios de todo el mundo uníos_
Demasiado optimista. Pero me ha gustado volver a leerlo.
Me conformaría con unas elecciones que pongan un cierto coto a los poderosos y se pueda difundir lo que realmente nos está sucediendo, que no solo nos extinguimos los viejos (aunque sea la extinción que personalmente me preocupe mas), que nos extinguiremos todos en breve si seguimos esa idiotez del crecimiento "económico" ilimitado. La economía solo puede estar supeditada a la voluntad de su inventor y servir para lo que cualquier ciencia humana debería: la conquista de la felicidad, del placer, del bienestar. Que no nos engañen, eso tiene poco que ver con el "crecimiento económico" que solo consigue aumentar la riqueza de algunos apoyándose en la miseria de la mayoría.
¿No estáis cansados de guerras permanentes?
Aunque una vez mas sirva de poco, al menos votaré, como siempre lo menos malo, a los que intentan la utopía, a los que desean derribar muros y abrir las puertas que quieren poner al campo (y no se puede, que no). Los muros imposibles que fabrican los privilegiados, son el señuelo que conducirá a los desposeídos. Al menos es mi sueño en este día gris y húmedo que precede a un Apocalipsis permanente o a una salida honrosa del día de la marmota. ¿Quien sabe?.

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