De pronto me acuerdo que tengo un blog que atender...
Quería empezar así pero sería falso, siempre me acuerdo y me remuerde la conciencia por no escribir en él con asiduidad.
Quiero justificarme, pensar que mi situación de amo de casa y casi a tiempo total, me impide realizar otras actividades. Absorto en el funcionamiento de la cocina, el microondas, el horno, las máquinas que depuran el agua del maldito pozo por el que este maldito piso de alquiler y el resto de los pisos del edificio, se surten, ir a la compra, cocinar, poner lavadoras, tender la ropa, atender el sistema de calefacción por gas (complicado como el sistema del agua), limpiar algo la casa (en profundidad lo hace cuando puede o quiere, mi mujer que se da mejor maña), discutir con los niños sobre estudios, deberes, trabajos espurios...futuro, aunque eso sea imposible porque nadie de mi familia parece entender que significa futuro y lo que mas les gusta es regodearse en el pasado con cierta nostalgia o falsos y agradables recuerdos de vida en común inventados, o lo mas frecuente, echando en cara pasados agravios y cargando las tintas especialmente en mis frecuentes ausencias del ámbito familiar (eso sí, sin tener en cuenta que se debían a mi actividad laboral).
Es justificación. Lo sé. Mea culpa.
Porque aún así me quedaría tiempo para escribir pero...cuando mi cerebro ha comenzado a procesar la necesidad de relajarme primero y concentrarme después en estas nobles tareas literarias, sufro un cortocircuito, comienzo a obsesionarme con la complejidad de otras tareas pendientes, casi infinitas, laberínticas, sin solución, casi como una prolongación de esas pesadillas nocturnas y obsesiones o preocupaciones sobre seguridad, pobreza, fracaso, enfermedad y catástrofes que nos aquejan a los que nos negamos a tomar pastillas para dormir, especialmente a ciertas horas de la madrugada o tras el despertar repentino por alguno de los sonidos absurdos y estridentes que son frecuentes en este pueblo, en este edificio y en este continente. Entonces la pesadilla de la falta de tiempo se repite y el cansancio posterior si es que consigo relajarme finalmente, lo utilizo para atender las redes sociales (error), leer los periódicos digitales o curiosear en internet: la trampa. Debo reconocer que el tanto por ciento ya insignificante del restante tiempo de vigilia lo dedico a leer o ver películas, series y documentales en TV (otros espacios como telediarios, deportes, concursos o variedades que no sabría como definir, ya los he abandonado hace tiempo)
Fin de la excusa.
Y si escribo ahora es para intentar definir algo mas el periodo en el que habito, para que me sirva de resumen o para darme cuenta de lo necesario que es salir de este laberinto.
Vivimos en una especie de onda de choque constante. Me gustaría entender a las personas que me rodean, no ya como me sucedía en la adolescencia (siempre vuelvo a ella porque no creo haberla superado ni siquiera ahora, en la vejez), me gustaría entender como aguantan la pobreza y la humillación, como aguantan la ignorancia y como votan, por ejemplo, opciones políticas que sistemáticamente son las de sus amos, carceleros y torturadores, las de sus enemigos, ¿Será por un síndrome de Estocolmo colectivo?.
Estamos en una encrucijada, enfrentándonos a la posibilidad de tener un gobierno de izquierdas por primera vez desde hace décadas, pero masivamente la gente parece alucinada y propensa a creer todo lo que su enemigo le cuenta, le advierten que será el fin de la economía, la destrucción del Estado y el Orden, la catástrofe final...Algo así como el retorno a la edad media, a la oscuridad, a la miseria colectiva de la posguerra. Todo eso, agravado en mi caso, al vivir en un país, región o nacionalidad (calificativo según gustos) cuya mitad de la población mas o menos querría separarse del Estado central en el que llevan incluidos a trancas y barrancas casi quinientos años.
Unos hablan de traición a la patria, de defensa de la constitución, de la insolidaridad que supone, siendo el país mas rico, querer separarse y abandonar al resto del Estado a su pobreza, de suprimir cualquier derecho de aquellos que pretendan esa traición, incluso entrar a sangre y fuego en ese territorio rebelde, "a por ellos" gritan.
Otros, de opresión por el estado central, de robo y expolio, de saqueo de las arcas a manos de ese estado fascista, corrupto y monárquico, obligados al pago de impuestos injustos por ser los que mas contribuyen a sostener a los otros países, regiones o nacionalidades (sic), que no trabajan, que no contribuyen a la riqueza común, que son bárbaros, ignorantes, atrasados, indolentes.
Unos y otros juegan con palabras, a veces las mismas, pero con sentidos opuestos, juegan a tergiversar la historia, algo frecuente en nuestra especie humana, para apuntalar sus razones, todas ellas dignas o espurias, depende del momento o del lugar desde donde se mira, desde donde se sufre.
Y mientras tanto, la gentes de bien intentan aclarar los términos, poner un poco de orden en el caos, recurrir a sus mejores historiadores, filósofos, políticos (quedan algunos, creo). Pretenden calmar esos ánimos encrespados, despertar a los que se arrastran de inanición, los que comen mal, ven la tele todo el día, usando a menudos conexiones ilegales de luz eléctrica mientras se arropan bajo mantas o harapos porque no pueden poner la calefacción, porque ya no pueden pagar los recibos de la luz o el agua. O simplemente calmando a los que ni siquiera trabajando (aquellos privilegiados que tienen un trabajo por esclavo que sea) llegan a fin de mes.
Pero no he dicho nada nuevo, es lo de siempre, es la lucha por la supervivencia, que aquí, en los países del sur de Europa resulta mas dura que en los del norte. Claro que si nos comparamos con los de mas al sur, con los africanos, con los asiáticos o con los americanos al sur del Imperio, vivimos como ricos...y si nos comparamos con el homo sapiens del medioevo, somos longevos, sanos y esto es Jauja.
Encrucijada: ¿Que hacer? y se trata de una pregunta clásica, la misma de siempre y en mi caso jamás contestada de forma clara, porque supongo que una elección lleva a un camino cualquiera en la maraña de caminos posibles y la angustia de no haber sabido escoger el correcto, prevalecerá siempre, sobre todo cuando se desvanece la euforia inicial de pensar que por fin has acertado. Así vamos viviendo, malviviendo, sobreviviendo y finalmente muriendo.
Es el dilema del prisionero sin floripondios.
Si juego pierdo, si no juego, también.
Si vivo tengo que morir. Es obvio aunque nadie parece muy consciente de ello cuando se encuentra en la madeja...y mejor así porque la vida es lo único que tenemos.
En el dilema, desgraciadamente, entran los otros por muy individualista o solitario que uno sea.
Por eso sigo aquí, equivocándome, por los otros que por mucho que ame u odie, son inevitables, están ahí, allí, aquí conmigo.
Y fin de la justificación, solo me tranquilizaría volver a viajar, seguir el camino de los nómadas que quizás nunca debimos abandonar, entonces podría llegar a mi tierra prometida, cada uno debe conservar la suya aunque sea muy dentro de sus corazones, y una vez allí, entonces sí, descansar y esperar dulcemente a que el universo disponga de mis restos.
Quería empezar así pero sería falso, siempre me acuerdo y me remuerde la conciencia por no escribir en él con asiduidad.
Quiero justificarme, pensar que mi situación de amo de casa y casi a tiempo total, me impide realizar otras actividades. Absorto en el funcionamiento de la cocina, el microondas, el horno, las máquinas que depuran el agua del maldito pozo por el que este maldito piso de alquiler y el resto de los pisos del edificio, se surten, ir a la compra, cocinar, poner lavadoras, tender la ropa, atender el sistema de calefacción por gas (complicado como el sistema del agua), limpiar algo la casa (en profundidad lo hace cuando puede o quiere, mi mujer que se da mejor maña), discutir con los niños sobre estudios, deberes, trabajos espurios...futuro, aunque eso sea imposible porque nadie de mi familia parece entender que significa futuro y lo que mas les gusta es regodearse en el pasado con cierta nostalgia o falsos y agradables recuerdos de vida en común inventados, o lo mas frecuente, echando en cara pasados agravios y cargando las tintas especialmente en mis frecuentes ausencias del ámbito familiar (eso sí, sin tener en cuenta que se debían a mi actividad laboral).
Es justificación. Lo sé. Mea culpa.
Porque aún así me quedaría tiempo para escribir pero...cuando mi cerebro ha comenzado a procesar la necesidad de relajarme primero y concentrarme después en estas nobles tareas literarias, sufro un cortocircuito, comienzo a obsesionarme con la complejidad de otras tareas pendientes, casi infinitas, laberínticas, sin solución, casi como una prolongación de esas pesadillas nocturnas y obsesiones o preocupaciones sobre seguridad, pobreza, fracaso, enfermedad y catástrofes que nos aquejan a los que nos negamos a tomar pastillas para dormir, especialmente a ciertas horas de la madrugada o tras el despertar repentino por alguno de los sonidos absurdos y estridentes que son frecuentes en este pueblo, en este edificio y en este continente. Entonces la pesadilla de la falta de tiempo se repite y el cansancio posterior si es que consigo relajarme finalmente, lo utilizo para atender las redes sociales (error), leer los periódicos digitales o curiosear en internet: la trampa. Debo reconocer que el tanto por ciento ya insignificante del restante tiempo de vigilia lo dedico a leer o ver películas, series y documentales en TV (otros espacios como telediarios, deportes, concursos o variedades que no sabría como definir, ya los he abandonado hace tiempo)
Fin de la excusa.
Y si escribo ahora es para intentar definir algo mas el periodo en el que habito, para que me sirva de resumen o para darme cuenta de lo necesario que es salir de este laberinto.
Vivimos en una especie de onda de choque constante. Me gustaría entender a las personas que me rodean, no ya como me sucedía en la adolescencia (siempre vuelvo a ella porque no creo haberla superado ni siquiera ahora, en la vejez), me gustaría entender como aguantan la pobreza y la humillación, como aguantan la ignorancia y como votan, por ejemplo, opciones políticas que sistemáticamente son las de sus amos, carceleros y torturadores, las de sus enemigos, ¿Será por un síndrome de Estocolmo colectivo?.
Estamos en una encrucijada, enfrentándonos a la posibilidad de tener un gobierno de izquierdas por primera vez desde hace décadas, pero masivamente la gente parece alucinada y propensa a creer todo lo que su enemigo le cuenta, le advierten que será el fin de la economía, la destrucción del Estado y el Orden, la catástrofe final...Algo así como el retorno a la edad media, a la oscuridad, a la miseria colectiva de la posguerra. Todo eso, agravado en mi caso, al vivir en un país, región o nacionalidad (calificativo según gustos) cuya mitad de la población mas o menos querría separarse del Estado central en el que llevan incluidos a trancas y barrancas casi quinientos años.
Unos hablan de traición a la patria, de defensa de la constitución, de la insolidaridad que supone, siendo el país mas rico, querer separarse y abandonar al resto del Estado a su pobreza, de suprimir cualquier derecho de aquellos que pretendan esa traición, incluso entrar a sangre y fuego en ese territorio rebelde, "a por ellos" gritan.
Otros, de opresión por el estado central, de robo y expolio, de saqueo de las arcas a manos de ese estado fascista, corrupto y monárquico, obligados al pago de impuestos injustos por ser los que mas contribuyen a sostener a los otros países, regiones o nacionalidades (sic), que no trabajan, que no contribuyen a la riqueza común, que son bárbaros, ignorantes, atrasados, indolentes.
Unos y otros juegan con palabras, a veces las mismas, pero con sentidos opuestos, juegan a tergiversar la historia, algo frecuente en nuestra especie humana, para apuntalar sus razones, todas ellas dignas o espurias, depende del momento o del lugar desde donde se mira, desde donde se sufre.
Y mientras tanto, la gentes de bien intentan aclarar los términos, poner un poco de orden en el caos, recurrir a sus mejores historiadores, filósofos, políticos (quedan algunos, creo). Pretenden calmar esos ánimos encrespados, despertar a los que se arrastran de inanición, los que comen mal, ven la tele todo el día, usando a menudos conexiones ilegales de luz eléctrica mientras se arropan bajo mantas o harapos porque no pueden poner la calefacción, porque ya no pueden pagar los recibos de la luz o el agua. O simplemente calmando a los que ni siquiera trabajando (aquellos privilegiados que tienen un trabajo por esclavo que sea) llegan a fin de mes.
Pero no he dicho nada nuevo, es lo de siempre, es la lucha por la supervivencia, que aquí, en los países del sur de Europa resulta mas dura que en los del norte. Claro que si nos comparamos con los de mas al sur, con los africanos, con los asiáticos o con los americanos al sur del Imperio, vivimos como ricos...y si nos comparamos con el homo sapiens del medioevo, somos longevos, sanos y esto es Jauja.
Encrucijada: ¿Que hacer? y se trata de una pregunta clásica, la misma de siempre y en mi caso jamás contestada de forma clara, porque supongo que una elección lleva a un camino cualquiera en la maraña de caminos posibles y la angustia de no haber sabido escoger el correcto, prevalecerá siempre, sobre todo cuando se desvanece la euforia inicial de pensar que por fin has acertado. Así vamos viviendo, malviviendo, sobreviviendo y finalmente muriendo.
Es el dilema del prisionero sin floripondios.
Si juego pierdo, si no juego, también.
Si vivo tengo que morir. Es obvio aunque nadie parece muy consciente de ello cuando se encuentra en la madeja...y mejor así porque la vida es lo único que tenemos.
En el dilema, desgraciadamente, entran los otros por muy individualista o solitario que uno sea.
Por eso sigo aquí, equivocándome, por los otros que por mucho que ame u odie, son inevitables, están ahí, allí, aquí conmigo.
Y fin de la justificación, solo me tranquilizaría volver a viajar, seguir el camino de los nómadas que quizás nunca debimos abandonar, entonces podría llegar a mi tierra prometida, cada uno debe conservar la suya aunque sea muy dentro de sus corazones, y una vez allí, entonces sí, descansar y esperar dulcemente a que el universo disponga de mis restos.

Comentarios