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Pausa


 



Mas de un año en el olvido.

Me refiero a estos apuntes que podrían ser no exactamente privados aunque tampoco públicos. Mi blog abandonado...o tampoco, sino víctima de un olvido por acontecimientos temporales que han ido depositándose como capas geológicas en el transcuros de los meses. Ya sé, es presuntuoso hablar de geología cuando se trata de meses, deberíamos hacerlo cuando medimos el tiempo en billones o trillones de años y otra vez, como de costumbre, me voy a los extremos. Con millones podría ser suficiente.

Volvemos a la realidad, han sido meses, quizás algo más de año y medio, nada desde el punto de vista geológico y muy poco desde la vida de una generación como la de mis hijos, pero demasiado en mi propia vida si tengo en cuenta y lo tengo, porque me horroriza ese paso acelerado del tiempo, del que a mí ya no me queda demasiado.

Aún así podría intentar dar publicidad a este blog a sabiendas de la inutilidad de dicha decisión, si lo que quiero es extender mis opiniones aunque sea al círculo reducido de amigos y conocidos, todos ellos demasiado ocupados en leer otras cosas cuando tienen tiempo para leer si no están escuchando noticias, viendo la televisión o cualquier serie, película, reportaje. ¿Leería yo el blog de algún amigo con cierta asiduidad?. Creo que no, a todos se nos marcha el tiempo entre actividades de mera supervivencia o simplemente bajo la marea de noticias falsas o auténticas, de alarmas sociales, guerras, epidemias, preocupaciones ligadas a eso, la subsistencia, el trabajo, la cocina, el salario o la necesidad en los huecos de intentar dejar la mente en blanco mientras oyes música o el ladrido de los perros en la calle, o el pasar de los camiones ruidosos en la autopista. Todo ello sin contar con las tertulias telemáticas, el vínculo con los colegas y amigos íntimos que viven en diferentes regiones del planeta, o a tantos kilómetros que no puedes verlos en persona física con la asiduidad requerida.

Pero siempre hay la posibilidad de reanudar estas páginas virtuales cuando se ha producido una especie de vibración en el cerebro, la necesidad de advertir a los demás que se nos acaba el tiempo. Aunque, también, exista la obviedad de que eso está claro para todos aquellos con los que te relacionas habitualmente.

Pasó esa locura que llamaron epidemia, al menos pasó a ostentar cierta irrelevancia aunque de tanto en tanto y a falta de otros temas de la necesaria "alarma social perpetua" estrategia de los poderosos y sus medios de manipulación masiva, vuelve con redundancia y cierto asqueo de la mayoría sensata de la población (creo que todavía quedan) que ni siquiera escuchan las viejas recomendaciones de no tocarse, ponerse mascarillas en circunstancias de masificación inevitable, lavarse las manos de manera obsesiva cada vez que tocas algo, lo que sea, en cualquier ámbito público o ajeno a la celda donde habitas, además, de otras epidemias posibles con las que pretenden rematar la jugada del desasosiego y terror permanente.

En la primavera pasada, con un comienzo que recuerdo inusualmente frío, comenzó la guerra, una guerra en Europa, hacía tiempo que no había una y menos con vocación de guerra mundial desde la llamada segunda guerra mundial. La sociedad se dividió casi desde el comienzo en dos bloques mundiales, algo así como los que existían durante mi infancia y juventud marcada por lo que llamaban "La guerra fría". Aunque yo lo vea desde otro punto de vista, claro. En realidad es una guerra clásica y responde a lo habitual en otras guerras, las que no han dejado de estallar nunca: las de rapiña y explotación de la mayoría a manos de una minoría cada vez mas privilegiada, rica y prepotente, una minoría que suele convencer a la gran masa cada vez más alineada y empobrecida material o espiritualmente (es lo mismo casi siempre) de su deber con la patria, su necesidad de inmolarse para defenderse del enemigo (siempre imaginario, en este caso, porque siempre es el otro desarrapado y miserable como tú mismo). Una guerra comercial que se va convirtiendo en guerra global y amenaza con sangre y fuego a toda la humanidad. Como  la "epidemia", es lo que nos aterroriza ahora, ya en pleno verano.

Hay que puntualizar que, casi como siempre, resulta que formo parte del bloque de los perdedores, traidores y vendepatrias, Mi versión de esa guerra justo coincide con la del otro bloque, no en el que habito. Y no es que considere absolutamente cargados de razón al bando que según mis compatriotas la comenzó, en general pienso en la guerra, el ejército y las armas, como restos bárbaros de una evolución humana fallida, un juego de poder fatídico y una necesidad de aniquilar al contrincante para aprovecharse de sus riquezas y bienes.

Bien, sentadas las bases, vivo en el bloque menos razonable, el del capitalismo exterminador que capitanea el Imperio USA y apoyo el punto de vista del otro bloque, el que pretende ser un conglomerado de naciones que históricamente o en la historia de los últimos doscientos años han sido o siguen siendo, subyugadas, expoliadas o consideradas subdesarrolladas y pobres, excepto por las riquezas de sus materias primas o fuerza de trabajo esclavo.

Como siempre no todo es blanco o negro, hay matices, el mundo está lleno de grises aunque estemos de nuevo, como lo hemos estado en otros momentos históricos, al borde del abismo, en este caso la posible extinción de nuestra especie. 

El verano ha sido y está sieno el más cálido y seco que haya existido nunca en nuestras latitudes "templadas", por fin existe la evidencia palpable del calentamiento global que ya hace medio siglo que los científicos habían demostrado que ocurriría de manera inevitable si seguíamos inmersos en el mismo paradigma de expolio masivo de recursos limitados y crecimiento económico exponencial "no sostenible". Aún así una gran mayoría (no sé si cuantificada pero sí sé, que no cualificada) sigue negando este cambio en el clima, este giro dramático en la metereología. El problema es de tiempo, ¿lo tenemos?. Yo no, es evidente, mis años sobre la Tierra ya están contados a mi edad y no creo más que en esta vida que tenemos ahora y en este planeta. ¿Y los demás?. Muchos piensan que si los demás hacen como si ignorasen todas estas señales apocalípticas, porqué ellos van a preocuparse, ya lo harán los científicos, siempre descubren la solución, mo llegará la sangre al río. La costumbre es delegar en otros esa responsabilidad, ya no en los políticos a los que pocos creen en estos días, pero sí en los científicos o los "técnicos" cualesquiera que sean sus ideologias o sus habilidades. 

Es lógico que los viejos como yo se preocupen por el final y confundan el suyo propio con el del resto de la humanidad, ¿porqué habría que hacer caso ahora a los viejos si siempre han sido igual de pesimistas?

Recapitulemos: 

Guerras, sequías, inundaciones, crisis de materias primas y fuentes energéticas, hambre, epidemias...los cuatro jinetes del apocalipsis. "Ya hemos oído esas historias" nos dirían los que pretenden ser advertidos, claro están los otros, los que abrazan creencias mágicas o religiosas para consolarse.

No hay una solución de tipo mágico. Hay un esfuerzo por enfriar la pasión guerrera, intentar canalizar nuestros esfuerzos precisamente para otra guerra, la que tenemos que librar por un reparto mejor de recursos en todo el planeta y por aplicar soluciones que no desgasten tanto la tierra que pisamos.

Pero la gran incógnita, que cada vez lo es menos, está en la posibilidad de llegar a tiempo. Si las predicciones de casi todos los científicos especializados en el clima, son ciertas, ya no nos queda mucho, incluso nada porque hemos rebasado el umbral que podría permitir una regeneración.

Dejé de escribir esto hace ya tres meses, estamos cerca de acabar el otoño y no han llegado ni el frío ni la lluvia en cantidades apreciables. La guerra europea continúa su curso, el invierno ya está prácticamente aquí. No hay magia en pensar que ya no saldremos de la sequía.

Miro al cielo y veo el color azul del cielo apenas mancado de unas nubecillas deshilachadas.

Ni tiempo ya para el amor, la esperanza o el alivio...aún así debemos seguir aferrados a cualquier posibilidad. Hoy ví un pelotón blanco de garzas bueyeras a orillas del rio, probablemente descansando en espera de seguir su camino al sur. Eso y unas escuálidas lluvias esta noche, parece presagiar el invierno y algo de alivio en la sequía. Si, además, se lograse parar esta guerra y otras. ¿Quien sabe?.

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